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Y dije: «Voy a ponerme ya porque si no, no lo hago» y así ha sido. Aquí tenéis, primero el índice, y después la prometida crónica del Wacken 2009. Es larga, así que armaos de paciencia, abrid una cerveza, y leed.

Después de un año de mentalización, planning, y emoción, por fin llegó el ansiado día 26 de julio en el que, tras un viajecito desde Lo Pagán hasta Lorca, me encontré con Antonio y con Pove en la estación de autobús acordada, que resultó no ser esa y tuvimos que patearnos media ciudad cargados hasta las orejas para llegar al lugar correcto. Un bareto inundado de jevis que se reponían del recién terminado Lorca Rock 2009 y que esperaban para la salida a La Meca del Metal. Allí saludamos caras conocidas, algunas que hacía tiempo que no veíamos, y conocimos alguna gente más mientras disfrutábamos de un fresquísimo tercio de Estrella Levante.

Antes de partir.

 Una vez llegada la hora se asignaron las plazas de los autobuses de Valkyrie Tour —el primero, el nuestro— y comenzó uno de los viajes más largos y memorables de mi vida.

La cosa pintaba bien desde el principio ya que toda la gente de ese autobús estaba asignada delante y sólo Pove, Antonio, y yo estábamos en la zona de detrás. En los últimos cinco asientos, para más inri. Se podría decir que aquí empezó a gestarse lo que hoy se conoce como El Imperio y todas las chorradas que conlleva. De hecho, he de mencionar que a la primera curva que tomamos, sin haber salido aún de Lorca siquiera, se oyó el primer PORNO DE SEMÁFOROS y poco después el mítico e irrepetible FUROR DE PENE, así como el himno SIMON & GARFUNKEL. Cenamos unos riquísimos bocadillos caseros de camino a Murcia, la primera parada, y disfrutamos mientras del DVD de Eluveitie con el que recibimos a los nuevos pasajeros una vez allí. Se unía el grueso del grupo: Dani, Vicky, Alfonso, Guillermo, Alex (lo conocí ahí, pero bueno xD) y para nuestra sorpresa… ¡Paco! el camarero de La Boca, con quien hasta entonces no habíamos tenido el gusto de hablar pero que desde ese momento empezó a formar parte del grupo wackeniano. Nos acomodamos como pudimos, ya que aún quedaban plazas libres y continuamos el viaje. Hicimos paradas durante la noche en Alicante y Valencia para recoger gente —de hecho, al principio hacíamos paradas cada maldita media hora…— y por la mañana temprano llegamos a Barcelona, donde se terminarían de ocupar las últimas plazas en nuestro autobús y comenzaría el auténtico suplicio espacio-olor-mental con el que tuvimos que aprender a convivir… o no. Y digo «o no» porque ninguno aprendimos a hacer tal cosa. Es imposible hacerlo. Esa es la razón de que a la edición de 2010 nos quisiésemos ir en avión aunque al final no vaya a ser así. En serio, las posturas y estrategias usadas para dormir ahí fueron de lo más variopintas. Ni Bear Grylls, en serio.

[NdR: Paso de poner la colección de fotos partiéndonos el cuello. Ya nos echamos las risas en su momento, pero creo que ya no procede xD]

Insisto en que la sensación allí dentro era indescriptible. Incluso estuve discutiendo con Alfonso un plan de ataque a su cojín de forma que los dos pudiésemos dormir sin dislocarnos el cuello. Y todo esto que cuento está, obviamente, aderezado de fondo con grandes películas como El Monje, Evil Dead, Planet Terror, Beerfest, Death Proof, «la película del mando a distancia», Zombies Party… y un largo etcétera. Pero prosigamos con el viaje.

A partir de Barcelona te empieza a dar la «sensación del guiri» por eso de que la gente te empieza a hablar en la lengua de Mordor. Por suerte, pudimos despedirnos de España haciendo la última parada en el bar Maiden’s en Gerona que, aunque llamasen allí a los tercios de cerveza «medianas» (¿?) estaba muy bien el lugar. [NdR: Y en 2011 descubrimos que tiene una máquina recreativa de las de toda la vida con el Cadillac & Dinosaurs, una locura.]

Una vez en Francia, poco puedo contar hasta que llegamos a Amsterdam, excepto que, como ya comentó Dani en su crónica de la edición anterior, una de las cosas más espectaculares que se pueden ver en la vida es un desembarco de metalheads —estamos fuera de España, aquí no somos jevis, sino metalheads ya— en estaciones de servicio. Algo realmente maravilloso, en serio. La otra cosa a mencionar de esta parte del trayecto es que la segunda noche de viaje —final de Francia, Luxemburgo, Bélgica, y llegada a Holanda— fue la peor con diferencia. No conseguía dormirme —de hecho, sólo lo hice durante veinte minutos— y me pasé la noche entera mirando el pasillo del autobús mientras TODO el mundo dormía y teniendo que soportar el «síndrome del zombie cariñoso» de Pove. No diré lo que es, lo dejo en el aire. Que hablando de aire, el olor allí dentro empezaba a ser digno de estudio científico.

Recuerdo bien que había bastante niebla esa madrugada y, por aquella zona, que está llena de bosques, cualquier vista parecía una portada del disco de black metal más chungo que pudieses encontrar.

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