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Unas voces me despiertan. Entreabro los ojos y veo que el sol ha salido y que la mayoría de la gente está mirando a través de los cristales. Alzo la cabeza con curiosidad y en el exterior distingo una breve niebla que cubre árboles, casas, señales, y… ¡un cartel de bienvenida a Wacken! ¡Sí, estábamos ya en Wacken!

Cartel de bienvenida a los autobuses.

En pocos minutos terminó de despertar todo el mundo y, antes de que nos quisiéramos dar cuenta y marcando el reloj las 6 am, estábamos bajando del autobús y cargando con las toneladas de equipaje. Nos acercamos a una caseta donde, una vez presentada la entrada, nos pusieron la preciosa pulserita que te acreditaba al uso y disfrute de todas las instalaciones del festival, nos dieron nuestra respectiva Full:Metal:Bag, y compramos una macro-guía del festival con los horarios y demás. Fue cruzar el umbral que separaba al mundo del Wacken Open Air y un sentimiento primigenio se apoderó de mí y de los que me acompañaban. De andar, pasamos a atravesar el camping corriendo a grito de «¡Wackeeeen!» que pese a la temprana hora era bien recibido y contestado con igual entusiasmo por la gente que estaba ya acampada allí.

Esperando a que abriesen con nuestras superguías.

 Si por algo se caracteriza este festival, aparte de por ser el más emblemático y grande del sector metalero, es por la organización. Wacken es un pequeño pueblo de unos 2.000 habitantes que en estos días ve aumentada su población hasta casi 80.000 personas y, siendo esta su vigésima edición, saben estar a la altura y responder correctamente ante las necesidades. El camping estaba dividido en zonas de la A a la Z, perfectamente diferenciadas por calles y avenidas con nombres de los grupos y canciones más famosas —In Flames Street, Highway to Hell…— y nosotros, en un alarde de previsión, queríamos acampar en el B, que esta edición iba a ser el “camping ecológico” —y lo pongo entre comillas porque los últimas días, inevitablemente, la mierda tenía vida propia xD— y era el mejor situado tanto por cercanía a los escenarios como por fácil acceso desde cualquier punto del recinto. El caso es que cuando llegamos allí, un germánico segurata nos informa de que ese camping abría a las 8 am, es decir, dos horas después. Así que, como buenos españoles, decidimos sentarnos en la entrada a esperar, y mandar un destacamento al pueblo a por cajas de cerveza mientras nosotros usábamos el talento McGyver para hacer envases donde poder beber un kalimotxo mientras. Allí mismo pudimos comprobar de qué iba el rollo alemán. Gente a su bola pasándoselo bien, bebiendo —MUCHO xD— y molestando a los demás lo justo como para que se lo tomen bien. No tendría mi conciencia tranquila si no mencionase, al menos, una palabra que los que estuvieron en ese momento conmigo entenderán: OFFSIDEEEEEEEEE!!!!!!

Los bártulos.

Las 8 am y la entrada a la zona cero abre, permitiéndonos llegar a nuestro querido camping B donde rápidamente una jauría de metalheads se hicieron con su territorio y comenzaron a montar sus propios feudos. Modestia aparte, el nuestro era PRECIOSO. Situado a escasos cien metros de la entrada a la zona de conciertos y a igual distancia de la calle principal del pueblo, sobre un verdísimo e inmaculado césped donde se podían clavar las piquetas perfectamente con las manos, en la True Metal Way. Teníamos a mi modo de ver, la mejor situación de todos los campings. Incluso nuestros vecinos eran gente a querer. Unos suecos de lo más variopinto —desde el calvo blacker chungo hasta un clon de Duffman que era jugador profesional de Counter Strike— que constantemente nos ofrecían cerveza, whisky, y muchas otras cosas no tan legales.

Nuestro chiringuito.

 Una cosa que me gustaría aconsejaros es que, si lleváis toldo, lo sujetéis bien. Y cuando digo bien me refiero a conciencia, con sus vientos y todo lo que podáis ponerle. Y, bueno, a las tiendas también, obviamente. El día que llegamos hizo muy buen tiempo y creímos que el camping tal y como estaba aguantaría todos los días, pero no fue así. Pese a que yo no me enteré porque al ser la primera noche en unos días en la que dormía en posición horizontal me dormí profundamente, la noche del miércoles al jueves llovió un montón y se levantó un viento tremendo. Tal fue la que cayó que al salir de la tienda el jueves, el panorama que me encontré parecía post-apocalíptico. La gente intentando poner el toldo, que se nos estaba volando y que finalmente quedó destruido completamente, tiendas de vecinos que se volaban, todo mojado… en fin, un cuadro. Además, luego moverse por allí era misión casi imposible puesto que estaba todo cubierto por el famoso barro de Wacken, que muchas personas idolatran y yo no lo entiendo, porque es barro que huele a mierda… Por eso os digo que no os fiéis del tiempo allí. Puede hacer un día precioso, con sol y calor, y segundos más tarde estar nublado, diluviando, y hacer un frío de cojones. Hecho este inciso, prosigamos.

Una vez establecido el campamento y acomodados en él, sólo nos faltaba una cosa para poder sentirnos libres: la ansiada DUCHA. Y es que desde el 26 de julio por la tarde que nos duchamos por última vez, a día 29 que nos encontrábamos, el cuerpo había adquirido una resistencia natural a los elementos y un sistema de autodefensa muy parecido al de las mofetas del cual omitiré su explicación.

Aparte de los WC públicos, en el festival ofrecían un servicio mediante el cual comprábamos un cartón que iban sellándote por cada uso y tenías acceso a unos WC que constantemente eran limpiados, repuesto el papel higiénico, con lavabos, espejos… un lujo, vamos. Había tres tipos de tarjetas de cartón, así que nosotros elegimos la que también incluía duchas. Estas duchas, desde luego, ya las quisiera cualquier festival español. Agua caliente, muy limpias, bancos para dejar la ropa mientras te duchas y, también sea dicho, una jauría de guiris —todos rubios, hoyga— en pelotas que no hacían sino recordarte constántemente que debías extremar precaución por si alguno fuese primo de I-ván, el trolaso. Nosotros, haciendo honor al pudor ibérico, nos duchábamos con nuestros bañadores.

Ahora sí, ahora eramos libres de explorar el recinto con total libertad. Y eso es precisamente lo que hicimos.

A partir de este punto me voy a tomar la licencia de seguir contando sin orden cronológico, ya que son bastantes cosas que contar y resultará menos tedioso de esta forma.

En el Moviefield viendo el DVD de Iron Maiden.

El recinto está ordenado más o menos de la siguiente manera: Los campings rodeando la, como yo la llamo, zona cero, esta en el interior y, justo enfrente de ella la zona de los escenarios principales. Conforme se salía de nuestro campamento B se entraba en la zona cero donde se encontraba una enorme explanada de césped con una pantalla gigante donde por el día te retransmitían algunos conciertos de los escenarios principales y por las noches se proyectaban películas, DVDs de grupos, etc. Aunque parezca algo secundario, era increíble ver la cantidad de gente que había por las noches ahí sentada. De hecho, la noche del miércoles pusieron un DVD de Iron Maiden y fue uno de los momentos más memorables del viaje. Ver tanta gente junta, sin ser un concierto, encender los mecheros y cantar al unísono Fear of the Dark no tiene precio.

Un poco más adelante en esa misma explanada, empezaban los puestos de comida y merchandising. Da igual que no conozcas alguna de las comidas que tienen. Pruébala. Va a estar buena, seguro. Si algo me gustó de allí es que cualquier cosa que te pidas de comer te va a enamorar. Tallarines chinos, burritos, fish & chips, chop suey… mil cosas. Pero sobre todo, el Wacken Nacken. Una especie de bocadillo con carne a la brasa, salsa barbacoa —y creo que toque de curry—, cebolla caramelizada… una auténtica delicia para el paladar. Probadlo, en serio. Y si lo hacéis, que sea acompañado de una de las estupendas cervezas que sirven allí. Os cuento: tienen dos tamaños, de medio litro y de un litro si no recuerdo mal. La costumbre allí es pagar la bebida y la jarra. Esto es así porque una vez que terminas tu cerveza puedes decidir quedarte la jarra de recuerdo o devolverla, en cuyo caso te devuelven el dinero que has pagado por esta [NdR: Pfand es como se llama a esto]. Las cervezas que ofrecen son Beck’s y Franciskaner, ambas por el mismo precio: 8,50 € creo recordar que costaba. Eso sí, las camareras alemanas son muy simpáticas y si les caeis bien os las dejarán más baratas (a mí una jarra de litro de Franciskaner me la llegaron a cobrar a 2 €…) En nuestro caso, la elección era obvia. Jarras de litro y de Franciskaner.

Los puestos de merchandising, como no podía ser de otra forma, también a lo grande. Creo que la foto lo explica mejor que si os suelto una parrafada. Y gente, gente en todos los malditos puestos. Si queréis una camiseta del festival de vuestra talla, CORRED. Se agotan y rápido. Si esto sucediera, aún queda el plan B, pero mejor no jugársela. Nunca se sabe.

En esta misma zona, a modo de pequeña parcela, se encuentra el Biergarten donde los W:O:A Firefighters —los bomberos, vaya— hacen el famoso acto de apertura del festival la noche del miércoles tocando canciones típicas alemanas. Pese a ser una actuación digna de ser vista —la peña haciendo headbanging, crowsurfing, y este año incluso un wall of death con canciones que podrían ser el equivalente a Paquito el Chocolatero aquí en nuestro país…— es prácticamente imposible hacerlo ya que siempre está lleno de gente. Hasta subida por los postes. Aun así, si tenéis la suerte de encontrar buen sitio allí, vedlo.

Por otra parte, si en vez de seguir recto a la zona de puestos de comida y merchandising girábamos hacia la izquierda, nos encontrábamos con otra de las cosas más conocidas del W:O:A, el Metal Market. Como su propio nombre indica, se trata de un “mercadillo” —y una vez más lo vuelvo a poner entre comillas porque es casi como mi barrio de grande— [NdR: No, hombre, no tanto, pero lo que se aumenta es lo que luce xD] donde se pueden encontrar todo tipo de cosas relacionadas con este mundillo. Desde camisetas y sudaderas con las que aquí en España sólo podemos soñar con tener hasta, yo qué sé, cualquier cosa que podáis imaginar. Hay de todo. Absolutamente DE TODO. Y si tenéis suerte, lo mismo encontráis algún puesto donde hablen español y os aclaréis mejor —si la memoria no me falla, este año había un puesto donde eran argentinos—. Y por si esto os pareciera poco, allí mismo está la entrada a la carpa del Metal Market, eso sí, previo pago, donde podréis seguir disfrutando de más puestos —con cosas más difíciles de encontrar, todo sea dicho—, espectáculos, e incluso striptease a ritmo de metal.

También, cerca del mercadillo, estaba instalada una de las atracciones nuevas de esta edición: la barra flotante de Jägermeister. Esto se debe a que la empresa encargada de fabricar este licor es una de las patrocinadoras actuales de los festivales alemanes y, claro, deben hacerse publicidad. Para poder subir a esta barra había que ser seleccionado de entre todos los SMS que se mandaran al número que allí te decían. Una chorrada, pero vamos, da vidilla al sitio.

El mercadillo del Wackinger.

 Si salimos por la otra entrada al Metal Market nos encontramos con la entrada a otros campings, las duchas, y enfrente de estas una explanada que lleva a la entrada a la mayor novedad del año, el Wackinger. Todo un acierto que espero que mantengan las próximas ediciones. Se trata de, nada más y nada menos, una villa vikinga entera. Aquí es donde pasamos la mayor parte del tiempo ya que tenía todo lo que pudiésemos necesitar. Desde OTRO mercadillo donde poder encontrar todo tipo de objetos de temática vikinga Mjölnirs, cuernos…, espadas y armas en general, armaduras cotas de malla ajustables…. Además todo muy bien ambientado. Lugares donde la gente podía luchar entre ella con las espadas que compraban, puestos de herreros, gente viviendo como en aquella época incluso paseándose entre la gente, pruebas de lanzamiento de hacha para que la mismo gente lo hiciese, torturas a quien lo quisiese, músicos ambulantes por la villa, espectáculos de lucha, tabernas típicas, cachimbasMIL COSAS. Incluso había en la parte central una barra que simulaba un enorme drakkar. ¡Ah! Y una carpa dedicada a lucha libre, para que no digamos que no tenemos con qué divertirnos. Pero esto no es lo mejor. Lo mejor viene cuando atraviesas el mercadillo y llegas a la zona del final. Una INGENTE cantidad de mesas con sus sombrillas, rodeadas de puestos de cerveza y comida. Y cuando digo comida, digo COMIDA. Aunque allí todo está bueno, mención especial junto al ya nombrado Wacken Nacken a los PANES DE AJO. Recién hecho en un horno de los antiguos, con su ajo y perejil, queso fundido, trocitos de jamón… una maravillosa delicia. Compra obligatoria. Y la cerveza, pues qué deciros de ella. Fría y en grandes cantidades. Aquí es donde desayunamos, comimos, merendamos, y cenamos casi todos los días. Y si vais por allí, entenderéis lo que os digo.

Problem, Wacken?

 Y todavía puedo rematar más la faena. Por si todo esto os ha parecido poco, que lo dudo, aún queda otra cosa por contaros del Wackinger. Señoras y señores, esta zona también cuenta con un escenario de conciertos, el Medieval Stage, prácticamente enfrente de la zona de las cervezas. Este fue el primer escenario en el que vimos un concierto ya que era el único que al estar destinado a grupos que están empezando o que son menos conocidos, los conciertos de este tipo empezaron el miércoles. Pero de los conciertos ya os hablaré más adelante. En definitiva, el Wackinger da para pasarse una semana allí sólamente, sin ver conciertos ni nada, pero hemos venido a verlo todo. Sigamos con la guía turística.

Aunque por cercanía debería hablaros ya de la zona de conciertos, voy a seguir cierto orden cronológico aquí y os contaré acerca de otro sitio antes de eso.

La famosa torre de Wacken.

Situémonos otra vez en nuestro feudo, en el camping B. Si en vez de salir hacia la zona de la pantalla de cine avanzamos en dirección contraria, atravesamos un pequeño camping intermedio y finalmente salimos por el otro extremo del recinto, estaremos en el pueblo propiamente dicho, en Wacken. El pueblo, como ya dije antes, es bastante pequeño, de unos dos mil habitantes, la mayoría dedicados a la ganadería y a pequeños comercios. Sin embargo, durante estos días saben que pueden hacer su agosto y vaya si lo hacen. A lo largo de la calle principal del pueblo —y que prácticamente va a ser la única por la que paseis— ponen toda clase de tiendas, puestos, servicios, y de todo relacionados con el festival. Puestos de cerveza a 1 €, de bocadillos, platos combinados, kebabs, agua —sí, en Alemania también se bebe agua aparte de cerveza—, gente echándote agua para refrescarte, y las mismas casas de la gente con ellos haciéndote desayunos, bocadillos, y lo que sea. También tenéis dos —creo que son dos— tiendas genéricas donde podréis comprar las cajas de cerveza y demás suministros que necesitéis. Es curioso observar que allí la gente camina con orden. Me explico: aquí en España, si vas por la calle, cada uno va por donde quiere siempre y cuando sea por la acera —y no siempre— ¿no?. Aquí no sucede eso. Por cada acera la gente circula en un solo sentido y, de esta forma, agilizan la circulación que de otra forma sería lentísima.

Una de las preciosas casitas de Wacken.

 Aun así, lo más importante del pueblo se encuentra tras una buena caminata, como no podía ser de otra forma —Véase ecuación 3.1 de la Ley de Murphy—. Llegando a lo que a nosotros ya nos parecía las afueras del pueblo [NdR: Y realmente lo son, además de que ya no está lo que cuento aquí, que sólo estuvo hasta 2009], hay una calle que se adentra ladera abajo y que si la seguís encontrareis el supermercado más grande el pueblo donde podréis comprar cualquier cosa que necesitéis. Os recomiendo que probéis la carne que tienen en la carnicería y que compréis un «Instant Grill» donde podréis cocinarla perfectamente y os ahorrará el engorro de tener que llevaros un camping gas. Eso sí, las colas que se forman allí son considerables también, así que si queréis acercaros, mi consejo es que vayáis temprano. Justo enfrente del supermercado tenéis también una tienda donde os venderán distintas variedades de hidromiel diferentes a la oficial del festival [NdR: Desde 2010 podeis comprarlas dentro del recinto del festival], que encontrareis por todas partes. Mi recomendación es que probéis, de entre todas las que allí venden, la Wikinger Blut, que es parecida a un vino dulce. Y por último, también al lado, una tienda donde podréis comprar más merchandising del festival así como alguna otra camiseta distinta y pocas cosas más. ¿Recodais cuando os dije que había un plan B si no quedaban camisetas de vuestra talla dentro del recinto? A esta me refería. Aquí compré yo la mía. [NdR: Y fue pura suerte, porque los siguientes años ya no tenían. Si queréis camisetas, corred el primer día u os quedaréis sin ellas.]

 Aunque os cuente y os repita continuamente el ambiente que hay en el sitio y la variedad de tiendas, ya os digo que hasta que no lo ve uno mismo, no es consciente de la magnitud del asunto. Estar allí es estar aislado del mundo. Es como un mini-universo aparte en el que todo está relacionado con el metal. Y es que hasta por los personajes que te encuentras allí notas que eso es algo más que conciertos y conciertos. Hasta tuvimos la suerte de poder hacernos una foto con el vikingo de la guitarra rosa, famoso en los festivales europeos. Nosotros mismos, en un alarde de testosterona ibérica, mejoramos nuestro chiringuito ascendiéndolo de feudo a Trve Spanish Sex Camp. No os digo más. Es el mismo ambiente del camping el que te anima a hacer esta y otras muchas cosas —como jugar al golf con la basura…—. Pero bueno, aquí hemos venido a ver conciertos y a eso es a lo que voy ahora.

Nuestro feudo siendo ascendido.

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