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La noche del jueves, tras un día de piscina, comilonas y bebida que nos dejó casi comatosos, nos subimos al autobús de Xcape para acercarnos hasta Playa del Carmen para ir a la discoteca Coco Bongo. No recuerdo cuánto tardamos en llegar pero fue un viaje muy corto. El caso es que fue llegar allí, ver la discoteca y nos animamos al instante.

La foto era obligatoria.

Había una cola tremenda de gente esperando para entrar, pero a nosotros nos levantaron la cinta y nos colaron por tener la entrada ya pagada con la agencia de fiestas. Como en las películas, vamos. Conforme cruzabas la puerta te ponían una pulserita de la discoteca y te daban un cóctel. Continuabas por un pasillo estrecho en el que más adelante registraban a todo el mundo y a conciencia, pidiendo incluso que abriésemos monederos y carteras para comprobar que no llevábamos armas, cosa que me pareció perfectísima. Por si alguno se había asustado al ver ese control, nada más pasarlo te daban un chupito de tequila con Dios-sabe-qué y te hacían continuar por el pasillo serpenteante hasta un pequeño recibidor. Ahí, nos separaron a la gente de los dos hoteles que nos habían hecho pasar a la vez y a cada grupo nos presentaron a los que iban a ser nuestros camareros y nos pidieron que los siguiésemos.

Al cruzar la siguiente puerta ya estábamos dentro de la discoteca en sí. Nos llevaron hasta una grada en el lateral derecho donde había muchas mesas con mantelito blanco y nos enseñaron la que sería la nuestra, donde teníamos una cubitera y varias botellas con bebidas a las que sabían que estábamos acostumbrados la gente de España. Nos indicaron dónde estaban los baños —que por cierto estuvieron toda la noche impecables, con gente pendiente de ti para darte el papel para que te secases las manos, una locura—, la terraza para salir a fumar y que si necesitábamos cualquier cosa o nos faltaba lo que fuese, que los llamásemos. Vamos, que la entrada la pagarás bien, pero se lo curran a un nivel que casi se te saltan las lágrimas de gusto. Y encima no paraban de acercarse con un montón de chupitos en bandejas para que nos tomásemos todos los que quisiéramos. Genial.

El sitio en sí, es una sala realmente no muy grande en cuanto a extensión, pero que tiene tres pisos con un espacio abierto en medio que es donde se hará gran parte de los espectáculos además del escenario que estaba a media altura, con una barra debajo. Vale, sí, el servicio es genial, ¿pero qué tiene este sitio aparte de eso? Pues tiene que no es una discoteca al uso, como estamos acostumbrados nosotros, sino que consta de un espectáculo de varias horas que alternan con espacios sólo con música para no saturar a la gente.

Y podría escribiros diez páginas sobre cómo eran estos espectáculos y aún así jamás podríais comprender lo mucho que me gustaron y el fiestón increíble que te pegas en este sitio. Espectáculos temáticos que van desde el Fantasma de la Ópera hasta Beetlejuice, Spiderman, Queen, Michael Jackson, LMFAO, Lady Gaga, Piratas del Caribe… y música buena. Sí, señores, una discoteca con música buena. Os lo digo muy en serio, yo no soy de discotecas —de hecho no me gustan nada— pero este sitio es A-CO-JO-NAN-TE. Con todas las letras. Un MUST para cualquier persona que vaya a la Riviera Maya. Es que, de hecho, es una de las discotecas más famosas del mundo.

Una vez terminado el espectáculo queda el sitio como discoteca normal hasta que cierran, pero nosotros no nos quedamos tanto tiempo. Eso sí, volvimos al hotel con una fiesta en el cuerpo que no nos teníamos.

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