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Aunque acostumbro a hacer crónicas de los festivales, este año me ha podido la vagancia y el poco tiempo libre para escribir en condiciones así que no hay crónica del Metalcamp 2012. Sin embargo sí me parece oportuno, puesto que estamos a menos de un mes de volver allí, contaros cómo es aquello de cara a los nuevos que vienen este verano.

Fue el cuarto año que me iba a un festival veraniego fuera de España y por primera vez decidí cambiar Wacken por otro distinto. La elección fue Metalcamp, en Tolmin, Eslovenia.

Salimos el 4 de agosto a mediodía con Valkyrie Tour desde Murcia, como viene siendo habitual estos años, con sus paradas para recoger gente en Alicante, Valencia, Barcelona y Gerona con previsión de llegar el día 5 por la noche. A la altura de Francia nos enteramos de que había habido algunos contratiempos con el autobús que venía de Wacken —teníamos que encontrarnos con los que volvían de allí para hacer transbordo de personas y seguir hasta Eslovenia— y tuvimos que hacer una parada de ocho horas que nos retrasó y nos hizo llegar ya por la mañana del día 6.

Tras bordear acantilados a lo largo de las montañas, el autobús nos dejó en una carretera que parecía estar en medio de ningún sitio, pero que subiendo unas escaleras y avanzando un poco llegábamos a un cementerio tras el cual se situaba el camping del festival. Camping al que, por cierto, todo el mundo puede acceder, tenga pulsera del festival o no. Y esto es uno de los fallos que le vi yo a Metalcamp, puesto que es más fácil que te roben en la tienda de campaña como de hecho le pasó a varios asistentes a pesar del personal de seguridad que se pasea por allí.  También ocurrió que teníamos nuestra zona de acampada reservada y, al llegar allí, ya la había ocupado gente y los de la organización se desentendieron diciéndonos que nos pusiéramos en otra que también estaba reservada para un grupo.

Vista del camping desde nuestro sitio. Un valle con el fin de los Alpes Julianos al fondo… no va a estar tan mal el cambio después de todo.

Afortunadamente parece que han tomado nota y este año sí va a ser necesaria la pulserita en todas partes además de que el camping va a estar vallado. Eso y que va a haber más personal de seguridad. Bien por la organización.

Lo siguiente era darse una vuelta por el sitio y conocer la zona. Ya sabéis, localizar la cerveza.

No habría que andar mucho para esto. Justo al lado de donde estábamos teníamos una carpa donde vendían latas cerveza de medio litro por un euro además de agua, zumos y un montón de comidas de las que destaco sin lugar a dudas el desayuno. Vamos, que en este puesto ya lo teníamos todo. Y encima los vecinos tenían un equipo de música lo suficientemente potente —y buen gusto musical, todo sea dicho— como para tener ambientada la zona. Que estábamos como en casa, vaya.

Insisto, el lugar era GENIAL. Y este año, en teoría, volvemos al mismo sitio.

Justo al lado del puesto había una entrada por la que llegábamos al camino principal del festival, en la zona de bosque, donde estaban los puestos para ponerse la pulsera —con la que además te cobran diez euros que te devuelven sólo si al final de la semana llevas dos bolsas llenas de basura—, puestos de primeros auxilios, información y demás zonas de acampada.

Si en ese camino girábamos hacia la derecha, comenzábamos a descender algunas cuestas hasta llegar al gran aliciente del festival: el río. Metalcamp está ubicado en la confluencia de los dos ríos que pasan por allí, el Soča y el Tolminka, procurando una zona de playa y relax a los asistentes. Por este camino del que os hablo llegábamos hasta la orilla del Soča, de gran caudal, corriente moderada, y aguas turquesas. Ah, sí, y frío como él solo. Pero vamos, con el calor que hacía,  colegas, cervezas y los borrachos graciosos de turno el frío es lo de menos. Además, esta temperatura hace que sea perfecto para conservar las cervezas frías manteniéndolas dentro de él.

¡Barco feinicio surcando las aguas eslovenas!

¡Barco feinicio surcando las aguas eslovenas!

Si en lugar de torcer a la derecha hacia el río seguíamos recto por el camino llegábamos hasta el escenario principal al que se podía acceder tras un breve —y casi inexistente— control de seguridad. El escenario está de justo al lado de una colina desde la que mucha gente se sienta para ver los conciertos tranquilamente. Si lo hacéis, cuidado, que parece que no pero tiene bastante pendiente. También se puede encontrar dentro de la zona váteres químicos, puestos de tickets y de comida y bebida. En todos estos puestos de dentro de la zona de festival te cobran un euro más de pfand con las bebidas y te lo reembolsan cuando devuelves el envase junto con la monedita de plástico que te dan al pedirlas. En cuanto a la comida, lo más destacable dentro de la zona de este escenario eran las porciones de pizza —con poca variedad, pero grandes— y las alitas de pollo con patatas.

Escenario principal visto desde la colina.

Escenario principal visto desde la colina.

Si en vez de entrar al escenario principal continuábamos el trazado del camino llegaríamos a la zona de puestos de merchandising y comida varia. Ya sabéis, puestos de discos, camisetas, ropa jebi del infierno, frikadas y puestos de hamburguesas, kebabs, pasta —qué ricos los platos de gnocchi…— y demás cosas por el estilo.

Además, al pasar la mayoría de puestos y entre otros tantos se encuentra el segundo escenario. Este, más pequeño y rodeado de árboles, se reserva para los grupos locales durante el día y para los conocidos pero que no han tenido cabida en el principal por la noche. Tanto en el escenario principal como en este es muy fácil ver los conciertos por delante y sin agobios, ya que la diferencia de público con otros festivales más grandes —se ponen a la venta unas 12.000 entradas como máximo— hace que sea un festival más acogedor y le da parte de su atractivo.

El segundo escenario, rodeado de árboles, tenía un ambientazo perfecto para los conciertos.

El segundo escenario, rodeado de árboles, tenía un ambientazo perfecto para los conciertos.

Al final del todo, cuando los puestos acaban, encontramos otra cuesta tras la cual llegamos a la segunda playa, en la que se une el río Tolminka al Soča, pudiendo elegir en cual bañarte. El Tolminka tiene mucho menos caudal y prácticamente nada de profundidad, además de que sus aguas son cristalinas, sin embargo su temperatura es significativamente más baja que la del Soča y os aseguro que para bañarte en este sí que hay que echarle algo más que valor.

La playa situada justo en la confluencia de los dos ríos.

La playa situada justo en la confluencia de los dos ríos.

Esta playa, a pesar de tener menos gente bañándose, estaba más animada que la otra. Esto es debido quizá a que tiene puestos con comida, bebida y música o incluso al escenario en el que se hacen espectáculos de vez en cuando —como los stripteases por la noche— o el concierto acústico de Trollfest con el que nos encontramos el día que estuvimos en esta playa.

"Metalcaaaamp, Metalcaaaamp, Metal-Metalcamp! Camp!" (8)

“Metalcaaaamp, Metalcaaaamp, Metal-Metalcamp! Camp!” (8)

Volviendo al camping, si subíamos unas escaleras por la ladera que teníamos enfrente llegábamos al pueblo. Como he dicho al principio, se trata de Tolmin, un pueblecito de menos de cuatro mil habitantes donde vais a notar una gran influencia tanto mediterránea como de monte y todo ello a la vez muy rural, amén de vestigios de la Primera Guerra Mundial, muy presente en toda esta zona por haber sido escenario de batallas —de hecho, en el mismo camping aún se puede encontrar casquillos de balas y adentrándote en el bosque, cráteres de obuses—.

tolmin

Aunque es un pueblo bonito que merece al menos un paseo por él, no hay mucha cosa que destacar. Para nuestro interés, el puesto de información turística —cerca de la calle principal, no tiene pérdida— donde tenemos wifi gratuíto así como folletos y planos de la zona muy útiles para las excursiones de las que hablaré más adelante, el supermercado Mercator donde podremos encontrar todo lo que necesitemos que no haya en el festival —y en mi opinión no merece la pena comprar cerveza ahí ya que está al mismo precio que en el puesto del camping y encima no la tendremos fría—, y el restaurante al que recomiendo encarecidamente ir: el Oštarija.

Ahí podréis desayunar, comer y merendar por precios verdaderamente baratos para lo ricos y grandes que son los platos. Si no me creéis, aquí tenéis unas fotos que le hicimos a la carta:

carta1

carta2

Además tienen cafés riquísimos y helados caseros para chuparse los dedos. Y baratos, muy baratos. Ah, y por supuesto la especialidad eslovena: Lasko pivo:

laskopivo

Por supuesto, también hay muchos más sitios para comer o tomarse un café, es cuestión de gustos, pero yo —y creo que hablo en nombre de todo mi grupo— recomiendo este porque me parece el mejor.

Con esto debería bastar para poder moverse por el pueblo y festival sin ir perdido. En las siguientes entradas hablaré de las excursiones, que es otro de los grandes alicientes de este festival.

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